ARTESANÍA Y COMERCIO JUSTO
Cuando pensamos en artesanía, inmediatamente se nos vienen a la cabeza imágenes de artículos hermosos, primorosamente elaborados por personas que trabajan con mucho mimo y que siguen tradiciones ancestrales. Sin duda, eso son en gran medida los productos artesanos del mundo: todo tipo de elementos decorativos, muebles, ropa... que tienen en común su esencia handmade, es decir, que han sido fabricados únicamente con las manos, sin ningún tipo de intervención industrial de por medio
Pero además de producir objetos tremendamente hermosos y únicos, como tejidos, velas perfumadas, bolsos o mochilas, la artesanía es una maravillosa catalizadora del comercio justo. Muchas comunidades, que continúan fabricando productos del mismo modo que lo hacían sus antepasados más remotos, encuentran en ella un modo de subsistencia que al mismo tiempo les permite prolongar el tiempo las técnicas que heredaron. El comercio justo intenta que los productores reciban una compensación económica justa por su trabajo, que puedan formar parte de la toma de decisiones de las compañías y, por supuesto, que realicen sus labores en entornos seguros y salubres, con sus necesidades básicas cubiertas. La idea fundamental es eliminar a los intermediarios, respetando los derechos humanos y logrando, en suma, unas relaciones comerciales más equitativas a nivel mundial, en las que el Sur no siempre tenga que estar en una posición subordinada respecto al Norte. La igualdad entre hombres y mujeres, la protección de los niños y el respeto al medio ambiente son fundamentales en toda esta concepción.
Veamos algunos ejemplos de esta sinergia entre artesanía y comercio justo:
En el caso de Marruecos, el aceite de argán tiene desde hace varios años la clave para conseguir el empoderamiento de numerosas mujeres de las zonas rurales, que de este modo han conseguido acceder al empleo remunerado. Se trata de un producto cosmético de primera magnitud, cada vez más valorado en Occidente para cuidar cabello, rostro y hasta uñas, pero que las poblaciones bereberes conocen desde hace siglos. Además, teniendo en cuenta que se extrae de un arbusto que crece en todo el norte de África, no se requieren larguísimos trayectos para conseguir el argán. Por tanto, su extracción manual y su escasa necesidad de transporte lo convierte en un producto totalmente sostenible. Organizadas en cooperativas femeninas, que gestionan su producción y venta, las mujeres pueden plantear sus reivindicaciones y problemas y buscarles solución colectivamente. De este modo, la cosmética bio del argán es mucho más que un negocio de subsistencia: se convierte en todo un arma para su empoderamiento. Muchas mujeres han conseguido de este modo poder acceder a mayores cotas de bienestar y lograr una educación para sus hijos que ellas mismas, en su mayoría, no tuvieron.
Si cambiamos de continente, en Latinoamérica las poblaciones indígenas se han servido de la artesanía para mantener decoraciones y técnicas de trabajo que de otro modo se habrían perdido ante el empuje de lo made in China. Es el caso por ejemplo de los bordados de Chiapas, dominados por la exuberante vegetación de esta zona de México. Algo parecido acontece con las mochilas wayúu de Colombia: la comunidad del mismo nombre lleva siglos produciéndolas, pero desde que empezaron a llevarlas actrices y cantantes su fama ha aumentado exponencialmente.
El uso de las redes sociales permite a numerosas comunidades artesanas dar a conocer directamente al mundo sus creaciones, y de este modo quedarse con la mayor parte de los beneficios. Así se eliminan intermediarios que hasta hace unos años podían terminar por aprovecharse de sus saberes al conocer mejor los resortes del comercio internacional. Estas redes sociales sirven incluso para que las comunidades artesanas puedan denunciar plagios o copias de sus creaciones, sintiéndose así menos desprotegidas frente a las compañías internacionales.
Como ves, artesanía y comercio justo van muy de la mano en pleno siglo XXI. A veces en colaboración con ONG´s internacionales que apoyan su trabajo, y otras creando cooperativas, las comunidades artesanas del mundo quieren proteger y seguir manteniendo vivas sus tradiciones en forma de productos cien por cien handmade. Por eso, cuando adquieras un artículo que te venden como "artesano", comprueba de dónde procede, quién lo ha creado y en qué condiciones, en suma, exige su certificado de autenticidad. Si finalmente compruebas que se trata de un auténtico producto de comercio justo, estarás haciendo un aporte solidario a la vez que una maravillosa compra.